Es una herida tan bella,
que estoy sufriendo por ella
y estoy a gusto en mi herida.
Por ella me desespero,
muerdo la flor de la tuera,
vivo como si viviera
en medio de un avispero.
Por ella estoy que me muero,
y a pesar de andar metida
en vida tan dolorida,
sufro sola, sangro sola
al compás de la amapola,
y estoy a gusto en mi herida.
Sé que recrearme así
en esta herida fatal
solamente agrupa el mal
sobre la triste de mí.
Sé que de este frenesí
he de salir tan vencida
como la hoja caída
antes del otoño amargo,
y lo espero, sin embargo,
y estoy a gusto en mi herida.
La sufrida Encarnación de "El labrador de más aire", de Miguel Hernández.
Hoy casi un hombre
No sé mi nombre ni quién soy
Carmen y Gloria, Vainica Doble








No hay comentarios:
Publicar un comentario