miércoles, 16 de octubre de 2013

Chenoa llorando en Chándal y otras chorradas decadentes


Esta imagen es una de mis preferidas de la historia del arte.

Y más que por su significado, por sus subtextos, por todo lo que representa. Mi madre, en su sano juicio, nos prohibió ver aquella edición de Operación Triunfo, pero, como uno no era de piedra y todo el colegio estaba al borde del éxtasis, fue cuestión de tiempo que se me contagiara algo; eso sí, desde la distancia, desde la perspectiva de un simple observador.

Y Chenoa era el máximo exponente de aquella feliz efervescencia: todas las niñas querían ser Chenoa... mucho mejor que otras divas de serie B como Gisela o Naím Thomas. Chenoa representaba la frescura verbenera, a la vecina de al lado, a la que iba contigo a sevillanas o la hija artista del carnicero. Así que en esta foto de ella, llorando después de enterarse por la prensa de su ruptura con el almeriense de rizos de oro y cerebro de paja, vemos a la pobre Dorothy castiza despertando de su ensueño a golpe de agua fría y molestándose en atender a la prensa las 24 horas del día y cumplir su interminable contrato con las productoras.



Es definitivo: OT mató el diseño en las portadas de los discos.
Menos mal que llegó Fran Perea para acabar con su sufrimiento PARA SIEMPRE.

El chándal es el símbolo de lo feo. Un chándal solo le queda bien a los Fideles Castro de este mundo, a algún bohemio alternativo y a los niños de 10 años de clase obrera cuando lo usan como pijama. Chenoa, la brillante Chenoa, se desnuda ante el público como si fuera la protagonista de un triste spin-off de aquel reality. Una foto de esa España en plena fiebre del Gran Hermano, donde las intimidades de todo el mundo se nos ofrecían a la vista con la suculencia del mostrador de una charcutería: El artista de Operación triunfo es el artista que muere para mostrar sus debilidades al mundo. No su profundidad psicológica, sus miedos u obsesiones, sino sus más íntima desdicha de una forma casi pornográfica.


Y en estos días que corren estamos sumidos en esa espiral eterna de morbo y carnaza que nos ofrece la televisión. Aunque, si he de ser sincero, cada vez me aburre más. En el lado de la tele con trasfondo positivo ya no hay entrevistas a intelectuales, ni intelectuales que apelen al respeto, ni programas de música; y las películas de la Sexta 3 son espacios que se emiten entre teletienda y teletienda. En el lado más frívolo (que también divertido), Belén Esteban quemó su personaje, los talent show son un vertedero de mediocridad y product placement y las folclóricas más cachondas se nos van poco a poco. Siempre nos quedará ese vídeo de Sarita Montiel cantando una saeta, a Carmen Sevilla mandando a la mierda a Karmele o el reallity de Sonia Monroy en Hollywood.

Pero de lo que es la tele ahora mismo solo saco una cosa: ASCO y DOLOR DE CABEZA.

Tertulias políticas vergonzosas, de gente ya bien gordita imponiendo sus ideas democráticas a grito pelao; reallitys aburridísimos con famosos que ya no interesan a nadie (no llegan ni a esa categoría maravillosa llamada random, en la que SÍ incluyo a todos los pobres triunfitos), y programas cargados de buenas intenciones y denuncia social (esto último no me parece mal, pero no me gusta la televisión-ojo usada de esa forma tan sórdida).

Maria Antonia Iglesias e Isabel Durán, cuando las tertulias eran más divertidas. M.A. "Soy roja y monárquica y tú TE CALLAS LA PUTA BOCA". ISA DURÁN "No es más quien menos tiene"
(DRAMATIZACIÓN)


En fin, Chenoa... si lees estas pobres líneas, te deseo mucho éxito en tu próxima gira de conciertos por las ferias de pueblo: todavía encontrarás a esas chiquillas de 30 años que aunque, víctimas de la idiotización mediática -la actual y la de los 2000s-, siempre querrán parecérsete a tí.

Quien ríe el último, ríe mejor, ¿verdad, Chenoa?