viernes, 10 de octubre de 2014

Mi animal




Se ha marchado no sé a dónde. Mi animal, mi gato, un brote abierto al mundo. Le estoy echando de menos, hay un agujero en mí, más profundo que las heridas del arado y del Sol.

Sentirle temblando con el ruido de los truenos, entre mis brazos. Todo el rato subido a mí, curioseando desde las alturas, reiniciándome el ordenador con sus zarpas, zarpas gustosas de dar masajes en mi barriga. ¡Ay, cabroncete animalillo! Un pozo de agradecimiento, de dulzura de apenas un par de kilos. La vida, qué grande que es en su inocencia. Qué dulce verano he pasado. Días que me han sido otorgados, que me han cambiado como hombre.

Y vendrán más días así. La vida, ese paréntesis de qué sé yo, es un viaje regalado, como otro gato me comentó. Pese a la tortura y el miedo que asolan al mundo, pese al ahogo y a la infelicidad mezquina... siempre tenemos la vida, y no la usamos. Aquí un pequeño homenaje.