domingo, 9 de octubre de 2011

Picnic en un holograma

"Mujeres al borde del mar", de Pierre Puvis de Chavanne

Otro domingo pasa ante mis ojos, como una osadía del tiempo. Cada día me siento más pequeño en este mundo, más desengañado. Las fieras de afuera me violentan y me provocan emociones contradictorias: todos parecen cumplir su función lo mejor que pueden, despreocupados de que su mera existencia puede cambiar bien poco el transcurso del universo, sin ser del todo conscientes de su insignificancia... ¿a quién le importará dentro de unos años que yo haya escrito estas líneas? ¿a quién le importará todo lo que estamos haciendo aquí y todo lo que nos lucimos y esmeramos para el reconocimiento personal? Vendrán otras generaciones que ya se encargarán de borrar con violencia nuestra pequeña herencia y que pudrirán aún más el mundo. Sí... ¿a quién podría importar que estemos batallando día a día una dura competición basada en la autorrealización y el ego personal?  Todos en procesión nos autoflagelamos a nuestra salud, a nuestra gloria... el ansia sustituye a la penitencia... pero todo acaba por ser la misma cosa.
Bendito Goya. Tú me sirves de inspiración siempre.

"Procesión de flagelantes", pintado entre 1812 y 1819

Vivo enamorado de un holograma. Es duro, triste y mezquino... su mero espectro me encoge el corazón y me hace andar tristón como un alma en pena, de un lado para otro. Todo a mi alrededor me parece tan bacano, tan falso, tan pretencioso. Hay veces en las que me incluyo y procuro justificar ese arrogante acto como autodefensa personal.

"Mujer loca a orillas del mar", de Pierre Puvis de Chavannes



Las canciones de Eden Ahbez, el genio creador de títulos tales como "Nature Boy" que con tanta dulzura interpretó Nat King Cole, son un curioso caso de estudio. En su único LP, la enigmática atmósfera me hace estremecer, transportarme a un mundo que de por sí me da miedo pero que a su vez se me hace extrañamente familiar. Algo así como lo que me produce la película "Picnic en Hanging Rock", una obra cargada de una sensualidad arrebatadora, donde sus victorianas protagonistas adolescentes, de deslumbrantes crines como cabellos y miradas fúnebres que rozan el erotismo, se sienten extrañamente atraídas, por los laberínticos y zigzagueantes rincones que guarda en su interior aquella montaña llamada Hanging Rock. Una obra de arte donde la vegetación, la fauna y el paisaje tienen un sospechoso efecto sobre sus intrusas. Unas notas tocadas con flauta hacen que tu cuerpo se sienta transportado a ese desértico escenario que guarda una extraña relación con el ser humano y su propia naturaleza. 


Y es que, al fin y al cabo, me siento completamente perdido, vagando por parajes toscos que con superfluas distracciones entorpecen esa enfermiza carrera por destacar... una carrera en la que estoy solo... y que cada vez parece alejarme más de descubrir mi verdadera identidad. Tanto la película del magnífico Peter Weir como las piezas del exótico autor Eden Ahbez hacen profundizar en rincones insólitos de la psyque. Atrapan los sentidos y congelan la razón, son lo más cerca a una manisfestación real de nuestro propio subconsciente. Instintos perdidos en un horizonte de víboras... un horizonte que bien llámalo sociedad de la información, bien llámalo estatus social, bien llámalo UMA. Pues bien, acepto el desafío.

martes, 4 de octubre de 2011

Mamá asesina: ¿Quieres un poco más de té, señora Nesbit?

Abuelita, la cena ya está preparada y lista para servir 

Kathleen Turner es una actriz de leyenda. Ella es la mentalmente enferma esposa en "La guerra de los Rose", ella es la encantadora Peggy Sue en la entrañable cinta de Coppola, ella se erige al micrófono a la hora de dar voz a la INOLVIDABLE Jessica Rabbit, ella es la obsesiva y enfermiza madre. En su haber cuenta con títulos de auténtico furor mediático como "El honor de los Prizzi" o "Tras el corazón verde" u otros de auténtico culto como "La pasión de China Blue"... ¡¡¡ella fue el padre de Chandler Bing!!!

Pero de entre todos sus papeles, el más divertido y surrealista siempre será la perfecta ama de casa que interpreta en "Serial Mom", la película que el gran John Waters rasga un poco más los manteles de la sociedad puritana y reprimida y demuestra estar por encima de todo y de todos. Kathleen borda a la perfección su papel y logra ser toda una neurótica criminal que se gana el corazón y la simpatía de su público: escenas como un asesinato con una pata de cordero o en mitad del escenario de un concierto siempre quedaran en mi retina para sacarme una risotada en el momento más inoportuno (como siempre). Berverly sería perfectamente la presidenta de la asociación de padres del colegio, la vecina bondadosa que siempre reparte deliciosas galletitas en halloween y la perfecta ama de casa que prepara a sus hijos una fresca jarra de TANG para la merienda (después de que Leslie haya salido de sus clases de piano y el pequeño Jeremy del entrenamiento con el equipo de baseball). Toda una generación de señoras todoterreno que durante generaciones han sido las esposas perfectas y las vecinas ejemplares que toda buena maruja envidiaría tener como nueras.

¡¡La familia ejemplar que todo buen americano debe tener!! (el product-placement jamás había estado mejor justificado)

Quitándonos el sombrero ante una Ricky Lake simpatiquísima, debemos resaltar entre los secundarios a la estupenda Mink Stole, la pobre víctima de las amenazas telefónicas de Beverly Sutphin. ¡¡¡¡NUNCA LAS PALABRAS COÑITOS PELUDOS HABÍAN SONADO TAN DIVERTIDAS!!!!

 Beverly defenderá con sangre y sudor las buenas costumbres del pueblo americano. ¡¡¡¡Toda una mamá ejemplar!!!!

lunes, 3 de octubre de 2011

Lou Christie: El faraón del falsete


Uno de los equipos artísticos más perfectos que conozco: Twyla Herbert y Lou Christie. O lo que es lo mismo, una brillante compositora más una carismática voz de varias octavas. Las canciones de Twyla, cantadas a la voz de Lou, suponen la culminación del sonido pop de los sesenta: canciones de pop melódicas, románticas, dramatizadas y, por encima de todo, energéticas como ellas solas. El sentido del ritmo de estas canciones es un sonido doo wap fresco y desenfadado. Las letras descaradas y divertidas. Todas ellas cantadas por la más que curiosa voz de Lou Christie, quien tiene el mejor falsete que haya podido escuchar. Su escalofriante voz alcanza agudos extraordinarios, a veces pareciendo llantos desenfrenados, otras rabia contenida, otras la más atormentada de las dudas y otras no pocas veces la alegría de vivir en sí misma. Un torrente de voz que pasa de una tonalidad alta a una baja, grave y totalmente masculina en un abrir y cerrar de ojos, ofreciendo unos contrastes siempre dramatizados que te hacen disfrutar de unas arrebatadoras piezas pop la mayoría sin llegar a los tres minutos, rotundas como ellas solas y pegadizas como la que más.


La primera etapa de la carrera del cantante estuvo acompañada de los coros de las irrepetibles Tammys. Un trío de la costa este de Estados Unidos que supone uno de los casos más raros en la historia del pop. Su cortísima carrera dejó un pequeño listado de temazos totalmente fuera de lugar. Inclasificables como ellos solos y que suponen toda una reinvención del sonido girlgroup sesentero. Temas melancólicos y sentimentales como "Gypsy", escalofriantes coros en la triste "Blue sixteen" y piezas que te dejan totalmente en estado de shock como el celebérrimo e IMPRESCINDIBLE "Egyptian Shumba". Canciones compuestas con Twyla (que ya sabemos lo que suponen), con una monstruosa producción que, basándose en el sonido de la época, rompe todos los esquemas cuando, de repente, la acompañan voces de quinceañeras que no parecen de este planeta. Provocaciones vocales en toda regla que expresan el sentimiento adolescente en todo su esplendor.

Coreado por estas señoritas, Lou Christie pudo romper el hielo en las listas de éxitos de la época y ser considerado como una buena alternativa a la hora de comprar un disco. La terrible historia del chico de esta canción es un ejemplo del ingenio de Twyla como letrista y de la espectacular voz de Lou.

¿A que resultan graciosísimos los pizpiretos coros de las Tammys?

En su segunda etapa, se instauraron como coristas uno de los girl-groups más consolidados de la época: las Angels, que ya había alcanzado el número uno con el mítico tema "My boyfriend's back". Eran mediados de los 60 y el éxito volvió a sonreír aún más al cantante, llegando a la cima del éxito con una de las canciones más celebradas de esa década: "Lightnin' Strikes", un tema melancólico y sentimental, donde  Lou se reserva el falsete para el sentido estribillo. Las voces coristas van como anillo al dedo al cantante, existiendo siempre una complicidad constante entre ambos sonidos y llegando en el estribillo a la práctica fusión de ambas. Otro de sus grandes éxitos sería "I'm gonna make you mine", un tema festivalero y alegre, cantado con ternura pero sin llegar a endulzar demasiado y mucho menos a cansar. Pero, de todas formas, la canción con la que un servidor se queda siempre será "She sold me magic", un tema que en sus dos minutos de duración y tres movimientos rítmicos diferentes que se superponen, atrapa al oyente y lo conduce a una pista de baile imaginaria, ya sea el salón de su casa, la cocina o el mismo transporte urbano... ¡¡¡¡hasta llegar a la desenfrenada culminación final!!!! Este tema pega para cualquier situación o al menos para escapar de la vulgaridad de un mundo tan podrido y superficial... Todo ello hemos de agradecérselo a las dos personas de la fotografía de arriba, dos talentos sin igual que, reunidos, han puesto banda sonora a la vida de mucha, mucha gente.


PD: Para los muy frikis, es de recomendada escucha los singles que grabó con ¡¡¡¡¡Lesley Gore!!!!! El youtube está plagado de vídeos de giras que ambos emprendieron, recordando sus viejos éxitos. 
¡Qué gozada!

domingo, 2 de octubre de 2011

Mañana empieza todo



De nuevo, como año tras año. Y yo aquí, plantado frente a una cena de lo más light, sin estar en estado de euforia ni nada. Mañana otro día será. Acabo de descubrir esta canción, no sé qué cadena de enlaces me ha llevado hasta ella, pero refleja perfectamente mi estado de ánimo. Su voz es tan bonita, tan dulce, sus coros la acompañan como los angelotes bailando alrededor de una virgen. Normalmente me hago ilusiones antes de empezar un nuevo curso. Esta vez mi naturaleza me ha hecho claudicar.  Quizá me he hecho un poco mayor o quizá ya me he acostumbrado a que casi todo sea un despropósito... ¿Qué más da? Lo haré lo mejor que pueda.

Sólo sé que en este curso habrá música. Mucha música.