sábado, 17 de mayo de 2014

Vida en sombras

Te recuerdo entrando en una tienda de discos del Soho. Habíamos caminado una hora diciendo tonterías y riendo, planeando hacer después algo divertido: tomarnos un helado, ir a tu casa y levantarnos a las 8 del día siguiente con resaca y sin trapos. Y, sobre todo, hablar de nuestros sueños, del futuro, de esa página en blanco que acaba en la basura sin que nos demos cuenta.

Todo lo que quería era una foto tuya, las vistas desde tu ventana, las vistas hacia tu ducha, o las vistas del rellano, contigo escalones abajo, con tu perrita. 



Bicheamos entre los discos y de entre todos ellos agarraste el que más te gustó, sacaste tu monedero para hurgar en tu triste economía y te lo compraste. La alegría y la excitación de ir a casa con un disco metido en su plástico no se compara a nada.

Todo aquello ha pasado hace muchos años, sigo poniendo aquel disco tan bonito que me dejaste en herencia cuando volaste. De vez en cuando pienso en tí y no consigo recordar tu cara, es como una de las tantas sombras que han aparecido en mi vida. En las noches más solitarias tu sombra crece y se desvanece, la oscuridad es algo intermitente en la vida, pero, tarde o temprano, inminente. Yo también soy una sombra que se ha cruzado con otros buenos amigos, una sombra que tarde o temprano acabará en el olvido.













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