miércoles, 4 de junio de 2014

Pringado y agradecido

En estos momentos soy una persona bastante pringada: me quedan unas horas para decidir si me presento o no al susodicho examen de Lengua y Literatura: entre el tiempo que me han acaparado el trabajo (al que le estoy pillando el punto), echar una mano a la familia, cuidar con mimo los naranjos y las rosas y engancharme a un bucle de canciones del Northern Soul (mi dulce parafilia), el reloj se me ha estampado en las narices como si del guante de Rocky Balboa se tratase y estoy el día de antes decidiendo qué dejarme: si a los estirados de la Ilustración (española) o los depresivo-obsesivos del Romanticismo. 

¡¡¡CHUPATE ESA, POR LISTILLO Y POR CREER QUE PODÍAS APROBARLA!!!!

Me he puesto en plan nihilista estos últimos días: he dormido como 10 patéticas horas, me he levantado con dolor de cabeza, la ducha ha estado rota y he ido más guarro que las patas de una gallina. Cuando me quito la camiseta, observo que tengo magulladuras kilométricas atravesándome el pecho de llevar cajas y he estado echando cuentas sobre lo que me va a costar quitarme ese lunar que me provocó una mala vacuna de chico (unos 100 o 200 leros, ¡anda la leche).

Pero, si soy sincero, reconozco que no vivo tan mal y qué es lo que realmente soy: un ser pringado y absolutamente enamorado de la existencia, tan insignificante como vanidosa, tan romántica como indisciplinada y tan feliz como humana y mezquina. Las cosas van chungas... pero sólo desde un plano relativo, desde la tonta perspectiva de la sociedad del bienestar (más cuestionada hoy que nunca). Así que no se está tan mal, a pesar de que no voy a poder sacarme las putas asignaturas de este cuatrimestre y eso... 

Hago un repaso de lo más relevante de mi vida en esta etapa y dejo oficialmente el temario para mañana (risas enlatadas):


- Tengo unos amigos de los que estoy enamorado: los veo muy pocas veces al año, pero son como mi familia. No formamos grupo ni nada y los tengo dispersos por toda la geografía europea. La mayoría (ilusos) creen que estoy haciendo algún supermaster de cine o grabando en Londres las maquetas de las que tanto hablo, les tendré que poner al día. ¡Qué pena que no les pueda echar mano tan a menudo, y cómo me aburro sin ellos!



- El rosal (en el que he perdido tanto tiempo) ha echado una treintena de rosas, frescas y jugosas (!!!!!!!) Y los naranjos tristones puestos en la peor tierra que teníamos se empiezan a recuperar. Las palmeras que plantó nuestro vecino (de 92) hace ya un año, también tiran para adelante, y los manzanos parecen echar sus primeros frutos. Siempre que puedo, me doy el atracón cuando paso por el paraguayo, comiendo directamente el zumo que guarda esa áspera piel. Es genial llenarte la boca, porque nadie te ve.




- Las cabritas son felices cuando les llevo el brócoli de estrío, y las ocas unas cabronas, como siempre, abusando de los patos. Las gallinas unas pánfilas y las gatas unas peleonas. En fin, el verano hace los días más generosos y sublimes.
El atardecer desde casa. La Sierra Enmedio.


- Estos días de calor me han hecho recordar mi gran afición a las duchas de agua fría, así que por fin podré tener un cuerpo limpio y sano de nuevo.


- Mi familia es tan normal como extravagante, al igual que mi casa: un eterno desorden lleno de libros, ropa, cajas de patatas y remolacha, VHSs del año de la pera, pósters de cine y muebles viejos y chirriantes. Se cae a pedazos, pero para tener 300 o 400 años no está tan mal.


- Los rituales escuchando música de la Northern Soul me han vuelto a desatar la inspiración y a conocer gente tan marciana como yo (o más). Es curioso cómo en la primaria marciano era uno de los cientos de insultos que mermaron mi autoestima y ahora es un adjetivo que debería ser mi tercer apellido.




- Sobre la pasta que tenía pensado gastarme por pura vanidad estética, estoy comprobando con admiración cómo las plantas de aloe vera de nuestro jardín han reducido mi lunar bastante, con lo que calculo que a final de año sólo será un vago recuerdo (esperemos). 



En definitiva, tengo 23 años y el caos se ha apoderado de todos los sectores de mi vida como a mucha gente de mi edad seguramente, como a millones de personas sin rumbo, criados en unos valores que se ponen en evidencia cada día, y que nos provocan cierto sentimiento de frustración. Pero ¡por el amor de Dios!, seamos agradecidos y reconozcamos que hemos nacido en un buen siglo para darnos cuenta de todo y para que, dentro del caos, podamos cambiar simplemente nuestra actitud, nuestra indiferencia glacial hacia los de nuestro entorno y, sobre todo a acabar con ese complejo que nos hace plantear nuestra existencia como si se tratara de un peso con el que hay que cargar. Pues no es así, amigos. 



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