domingo, 8 de junio de 2014

Una cita con el Engañapastor

Anoche volvieron dos cosas extraordinarias a mi vida: 

Por un lado, he rescatado la maravillosa discografía de Vainica Doble. ¿Para qué voy a decir nada más? Despiertan todo lo bueno que hay en mí y hacen que mis mezquinas obligaciones parezcan tareas de coser y cantar.



La otra cosa (aunque parezca una nimiedad) corresponde a la aparición de un engañapastor. Esta curiosa ave aparece como una sombra fantasmal al anochecer, planea muy a ras del suelo y sin una dirección fija y provoca una ilusión fantasmagórica a la vez que divertida y asombrosa. Buscando esta mañana información de este entrañable ser he encontrado una explicación a este comportamiento :

"cuando los pastores que antaño conducían sus rebaños por la sierra tropezaban por casualidad con un nido de engañapastor, el adulto realizaba vuelos de unos pocos metros simulando estar herida y no poder volar bien. De este modo el pastor que trataba de capturarlo no hacía sino seguir al ave que de forma astuta y con vuelos cortos conseguía alejarlo del nido al que protegía." Fuente




Sin embargo, me quedo con la explicación de mi señor padre y que se resume en su espíritu jocoso y en su afán por la burla como parte de su naturaleza espiritual. Algo que comparto y suscribo, ya que siendo pariente del búho y la lechuza, que, como todas las rapaces, son seres superiores depositarios de un saber intuitivo que escapa al hombre, su comportamiento y su enigmática presencia se nos presentan como algo tan extraño como familiar... algo así como las canciones de Vainica Doble.

A propósito, hablando de aves, de seres elementales y de Vainica Doble, rescato la canción "Alas" y la enlazo con la obra de Richard Bach "Juan Salvador Gaviota", uno de los libros de mi adolescencia, que invita a despreciar el tiempo, a derribar las barreras físicas y a despegarse de la mezquindad perecedera de un mundo de apariencias y limitaciones. Rescato algunas maravillas del libro:

Pobre Pedro. No creas lo que tus ojos dicen. Sólo muestran limitaciones. Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes y hallarás la manera de volar.

Rompe las cadenas de tu pensamiento, y romperás también las cadenas de tu cuerpo.

Cada uno de nosotros es en verdad una idea de la Gran Gaviota, una idea ilimitada de la libertad -diría Juan por las tardes, en la playa -, y el vuelo de alta precisión es un paso hacia la expresión de nuestra verdadera naturaleza.

El consejo que nos da Richard Bach no difiere demasiado de la asombrosa llamada de las Vainica a levantar las alas de la intuición, a perder el miedo y a alzarnos contra lo que nos corrompe. Si todos pudiéramos darnos cuenta de estos mensajes, si todos despertáramos y palpáramos nuestra verdadera naturaleza, nuestra propia entidad atemporal, la sociedad ya nunca más tendría nada que temer.

Pierdan el miedo y desprecien el tiempo, hay unas alas que conquistar.






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