jueves, 10 de abril de 2014

La casa de tus sueños

Esta mañana he querido escribir muchas cosas, todas se me pasaban por la cabeza mientras el camión se iba cargando hasta rebosar de lechuguitas. La casa de Paco se ha vuelto vieja, una de las paredes se derrumbó con las riadas y ahora nos descubre su esqueleto de piedra y arena. De zagal me encantaba pasar las horas muertas en aquella casa, las escaleras me recordaban a los caseríos encantados de los cuentos.

En aquel momento lo tenía muy claro: quería vivir allí, con las ovejas asomadas a la ventana y un montón de trastos con los que simular mi fabulosa vida de adulto.

Una casa parece un lujo a día de hoy. No sólo se trata de un techo o un espacio funcional en el que habitar, sino que es el escenario donde se representan nuestras vidas. Un teatro doméstico en el que nosotros somos las estrellas principales, los reyes y los dueños, los malos o los buenos. 

Supongo que mi casa ideal sería un piso en un barrio viejo de alguna ciudad europea: con columnas por todos lados y una laberíntica estructura donde poder jugar a los fantasmas o hacer persecuciones trepidantes. Debe haber como un millar de libros apilándose por todos lados a medida que fueran devorados, formando una microciudad en la que guardar muñecos playmobil: desde el Boulevbard Gustavo Adolfo Bècquer bajando por el Museo de los Impresionistas se podrá llegar al Teatro de Lope de Vega... Los libros ingleses (los Austen y los Eliot) los tendría en un estante en el salón, bien impolutos, y junto a algún juego de té sacado del museo de los horrores. 




En mi casa se puede ver la tele sólo si estás dispuesto a reírte a carcajadas con cualquier mierda. Si la tele no te saca una sonrisa, no es televisión, es un trasto. Lo más importante es que la música debe estar sonando a casi todo momento. Póngame un disco que ya me tienes comiendo de tu mano. No hace falta explayarme sobre esta dulce parafilia.

La cocina tiene que tener una mesa encimera bien grande, para poder trajinar a mis anchas y poder realizar batallas de masa con todo aquel que viniera a preparar galletas o lo que sea (¿qué tal un polvo o dos?). Mi despensa sería prácticamente una verdulería caótica... sin faltar varias ristras de ajos por las paredes, varios cuadros naïf y el de "El Aquelarre" de Goya presidiéndolo todo.



Mi cuarto, pues con una tele enorme, con un armario para mis películas y todo fotografías por las paredes, un punto cafre y freak. También quiero un sitio para la gata, que sea lo suficientemente accesible para que entre y salga o pueda parir a sus gaturros.

¿Sería mucho pedir algún gnomo, duende o diablillo como compañero de piso?

Pero en el fondo mi casa sería siempre estar con aquellos que tienen la llave de la mía. Y da igual cómo será mi casa, sólo espero ser tan jodidamente iluso en el futuro.

No sé por qué cuelgo esta canción, supongo que en la búsqueda de un sitio propio uno se encuentra perdido constantemente. Da igual. También me agrada sentirme perdido, también está bien el sabor de un suhpiro. SIGH.



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