lunes, 31 de marzo de 2014

El Corazón es un Cazador Solitario



Hay miradas que resumen toda una obra.

Hace tiempo hablé de la decadente belleza que envuelve esa maravillosa cinta protagonizada por Alan Arkin. El verano pasado, me encontré perdido entre las páginas de la novela. No me cabe duda de lo triste que debió sentirse Carson McCullers en su vida para escribir ese relato tan demoledor de los seres fantasmales que buscan una salida más allá de las desoladoras ciudades de provincias, más allá del olor a pantalón mojado, a verbena vieja, a mediocridad.




La melancolía del amor es algo que ya no me afecta tanto, nada más que cuando uno lo necesita o ha fumado algo o qué se yo por qué. Es verdad que a los grandes idiotas poetas les funcionaba tener la imagen idealizada de una mujer a la que amar en secreto. Me pregunto si a Dante le valió al final la pena escribir la Vita Nuova sin haber rozado una sola vez la mano de su Beatriz. Eso sólo lo sabe él. Sin embargo, ahí esta la obra, y ahí está su relato, para que todos los simples mortales podamos interpretar el bello testimonio de su tormento ideal que tanto le acercó a la perfección.


Estas canciones que me ha dado esta noche por escuchar no son más que el testimonio viviente de la nostalgia del cielo de la que hablaban los del Renacimiento. Enormes obras de una dulzura dolorosa y de una sordidez extraña que, por circunstancias de la vida, no se contemplan ampliamente como obras de referencia más que por algunos palpitantes corazones que han sentido lo que Carson McCullers reflejaba en su obra. Como sacadas de debajo de las losas de una casa en ruinas...

¿Nostalgia? No necesariamente sobre el amor, más bien se trata del testimonio de grandes sensibilidades desconocidas que se han movido por las más íntimas torturas en un arrebato de inspiración divina.


No hay comentarios:

Publicar un comentario