domingo, 30 de marzo de 2014

Ron, ron, ron... hacen ron ron ron...

Es oficial: echo de menos a mis gatos. No es una morriña al uso, pues no son domésticos, ni son demasiado simpáticos, ni siquiera los más limpios del lugar. Yo mismo los tuve que amansar un poco, para establecer un vínculo con ellos, para que me aceptaran como su amigo (creo que lo único que he conseguido es dejarme sobornar). A veces se meten en las madrigueras y se meriendan un conejo; otras veces, los veo degustando palomas, o más anchos que largos masticando algún lagarto o cazando saltamontes (¡la golosina de la naturaleza!)... 

tienen cierto vicio de frecuentar el contenedor, se lo perdono. 



La gata vieja hace tiempo se marchó. Era toda una señora (7 años) y sus mamas alimentaban a todo recién parido que lo necesitase, fueran o no suyos, contaran meses o estuvieran bien gordos. Enemiga acérrima de los gatos pandilleros de la vecina (alcahuetísima vieja donde las haya), dio al mundo a varias generaciones de gaturros que hoy pueblan El Torrejón y alrededores. Los más espabilaos desafían la mortal e injusta balanza de la vida... y de los que se quedan por el camino... pues no sabemos nada. No sabemos a dónde van a parar. Sus progenitoras los cogen del cogote y santas Pascuas. Sin responso ni Kirie Eleison, sin requiem ni epitafios, la vida se muestra tan cruda y áspera como lo inerte de los minerales, como el látigo del mar Cantábrico o como la hiedra que envenena los campos y encripta los cortijos viejos. 


Otra maravilla de Goya.
Se supone que en un post como este debería aparece algún meme adorable ¿no?


La muerte de un gato es traumática y los recuerdos que asocio con esta idea se me dibujan difuminados, como un carboncillo entre la niebla... El cuerpo es mineral y su conciencia, Dios dirá. Otros nuevos gatitos los reemplazarán la próxima primavera, se revolcarán en la tierra, harán carreras en el tejado, enredarán su zarpas en los sacos de mies y desplumarán palomas como quien despluma un cojín. Sabiendo lo mínimo de zoología, me parece que las gatas tienen hijos de varios padres. Teniendo en cuenta que durante el mes pasado, no pude ver a la actual matriarca si no era bajo algún micho bravo y enfurecío, me parece que esta primavera saldrá el arcoiris por mucho que al cielo almeriense no le dé la gana de estrujarnos su riñones.

PD: Quiero echar ya a la basura el maldito tópico de "gata en celo" que tanto abunda en nuestra cultura (además de perlas como "pelea de gatas", "sacar las uñas", o el maravilloso "Señora la gata esa") con alguna canción que lo merezca y juegue con el aire naïf de los recuerdos turbios de la infancia, de las cartillas Micho, los señores Don Gato y los Ortan Chíviris. 

Nunca había posteado una de Cecilia, esa sastrecilla de sórdidos textos y melancólicas crónicas de la niñez como esta:


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