viernes, 11 de mayo de 2012

Que me devoren las ballenas


"La ballena azul". Esta es una de las composiciones más hermosas que he escuchado en mi vida. Una perfecta definición de las almas solitarias y errantes tan poco apreciadas en una sociedad de hienas, buitres y tiburones ansiosos por sentar su culo en este podrido sistema, creyendo en rancios valores como el status social, en su eterna búsqueda por rellenar su vacío de placer estético y concupisciente. Y es ahí donde se quedan errantes todas las ballenas azules. Solas, buscando un corazón que las entienda y, finalmente, siendo sacrificadas por algún inútil bien al servicio de esos tiburones hambrientos.

"La ballena azul" no sólo se queda en una de las muchas fábulas que compusieron Vainica Doble. Tampoco lo podemos dejar en un auténtico y sagaz tratado ecologista. Es, simplemente, toda una genial pieza musical. Una melodía decadente, una atmósfera marina progresiva y una de las letras más crueles del universo. "Griterío de gaviotas, silencio de tiburones" es una de las más inteligentes frases que haya podido escuchar en una canción. Podemos ver dos partes muy diferenciadas: por un lado, la humanización más noble de "la bestia"; por otro, la bestialización de los cruentos humanos, que invaden los nobles ecosistemas sin piedad, sin pararse a pensar en las maravillosas historias y los tremendos personajes que guardan bajo sus aguas esos océanos tempestuosos e imponentes. Y es que, en la eterna búsqueda del dominio, el ser humano puede quedar perfectamente reflejado en unos valleinclanescas  estampas  de monstruos; en cuyo corazón el egoísmo se extiende como un tumor. Y mientras... las ballenas 



Vainica Doble... no tengo palabras para expresar lo tanto que me habéis enseñado, lo tanto que me habéis hecho crecer como persona. Cada vez que en las duras jornadas campestres de agosto, a pleno mediodía, se me viene a la cabeza "Caramelo de limón", mi corazón estalla de orgullo por saber que mi ser pertenece a esa tierra regada por el sudor de tantos otros castellanos que pasaron sus vidas segando el campo, recogiendo papas, melones, sandías, remolachas, labrando... No puedo sentirme más orgulloso de los padres que tengo. "Mermelada de ciruelas, el mar que en sueños ví". Sí. Ese mar que nunca tuvo que dejar de inundar los hogares de toda España, con el cálido y dulce olor de la ciruela en ebullición, con el reconfortante tacto del pan de harina de trigo recién sacado de un horno de leña, y con las notas musicales que los grillos, las ranas, las chicharras, los petirrojos y los nocturnos mochuelos.Vainica Doble homenajearon a las tierras del norte con "Caramelo de limón", pero yo me siento igualmente orgulloso de poder interpretar esta canción, siendo criado en esa incorrupta paz hacia nuestra naturaleza en las lejanas tierras de la Sierra en Medio. Gloria y Carmen, Carmen y Gloria, sois sencillamente maravillosas. Gracias a vosotras jamás pienso olvidar quién soy en realidad.

"Caramelo de limón" es una de las canciones más enigmáticas de la música española, con unos arreglos propios de la psicodelia y una estructura melódica de lo más hipnotizante. Os presento la que considero mi película favorita del cine español, su videoclip dirigido por Jaime de Armiñán.


Y, por último, "Un metro cuadrado", esa inigualable pieza que en tres minutos muestra la gloria más humana del ser humano. En tiempos donde todo lo rigen las cifras (la mayoría negativas) es absurdo pensar al punto al que nos han hecho depender de un estilo de vida totalmente asfixiante e inhabitable. Por eso, reivindico los progresivos versos psicodélicos de esta encantadora composición. El cómo las cosas más necesarias para la felicidad pueden caber en tan poco espacio es un planteamiento tan útil como olvidado. La propiedad privada en un metro cuadrado... bajo un manzano o una parra, para un espíritu que no conoce fronteras ni pueriles impedimentos como el éxito laboral o el reconocimiento social. Necesidades absurdas para aquellos ciegos que, hambrientos de deseo, comprarán coches más grandes, edificarán mansiones más monstruosas y firmarán cheques absolutamente desorbitados. Pero ahí están de nuevo, Carmen y Gloria, para espetar su sabiduría a aquellos cuya hambre no reside en el estómago, sino en los oídos.


Estas son sólo algunas estampas que las Vainica bordaron con tanta maestría en las páginas más ilustres de nuestra cultura. Creo que si empezara a contar una por una cada canción que tienen y el por qué me atrapan de tal forma, no acabaría ni en un año.

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